viernes, 12 de abril de 2013

Zapatismo hoy




Por @cuadernocomun

  Sus recientes actividades públicas, la marcha de cerca de 40 mil bases de apoyo y los comunicados del vocero, han puesto de nuevo al zapatismo como tema recurrente en los medios de información y en las redes sociales, como si se volviese a repetir la escena de hace años con el PRI en el poder y los indígenas chiapanecos rebeldes haciéndose presentes. Pero no, mucho ha cambiado en estos últimos 19 años.

El proyecto zapatista ha hecho realidad, por cuenta propia, en los pueblos tseltal, tsotsil, chol, tojolabal y mam, Los Acuerdos de San Andrés, pues organizados en 5 Juntas de Buen Gobierno (JBG) y 26 Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) avanzan para revertir el rezago histórico en aspectos vitales tales como la educación, donde se estima hay 510 escuelas, 1300 promotores y 16100 alumnos zapatistas, o la salud, cuya infraestructura esta compuesta por cerca de 200 Casas de Salud Comunitarias, 20 Clínicas Regionales Autónomas y una Clínica Regional Autónoma Central donde se realiza cirugía básica, consultorio dental, de ginecología y oftalmología, laboratorio clínico, taller de herbolaria y camas de hospitalización. Educación y salud son parte de las 13 demandas zapatistas, habrá que conocer cómo han avanzado en las otras 11 que son trabajo, tierra, techo, alimentación, independencia, libertad, democracia, justicia, paz, información y cultura. 

También el hostigamiento y la represión han mantenido ocupados a los zapatistas en estos años, pues las Juntas de Buen Gobierno no han dejado de denunciar, en el sitio web http://enlacezapatista.ezln.org.mx, las agresiones de paramilitares y los abusos de las autoridades federales, estatales y municipales. Durante los años 2011-2012 las JBG han documentado cerca de 30 agresiones sistemáticas a comunidades bases de apoyo, las más recientes a las comunidades Comandante Abel, Unión Hidalgo, San Marcos Avilés y San Patricio, así como la prisión política de Francisco López Sántiz y del profesor Alberto Patishtán, son ejemplos de que la contrainsurgencia no ha cesado. 

El activismo político de los zapatistas, fuera de sus comunidades y pueblos, también ha tenido importantes momentos en todos estos años, La Marcha del Color de la Tierra hacia el Congreso de la Unión para exigir el cumplimiento de Los Acuerdos de San Andrés en 2001, La Sexta Declaración de la Selva Lacandona y La Otra Campaña en 2005-2006, el apoyo incondicional al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de San Salvador Atenco en 2006, el Festival de la Digna Rabia en 2009 y la marcha zapatista en apoyo de la Marcha Nacional por la Paz y la Justicia y contra la guerra de Calderón en 2011, son ejemplos. 


Así, el zapatismo es un proceso histórico de algunos de los pueblos indígenas de Chiapas que luchan por ellos y para ellos, en congruencia con su opción política plasmada en las seis Declaraciones de la Selva Lacandona y desde la cosmovisión mesoamericana maya, solidarizándose con otros movimientos de la misma manera que muchos lo han hecho con ellos y aportando a las luchas nacional por la justicia y democracia e internacional anticapitalista. 

La de los zapatistas puede ser una lucha inspiradora para otros pueblos indígenas, movimientos sociales, colectivos, organizaciones y personas de muy diversas afiliaciones políticas, pero delegarles responsabilidades político-sociales nacionales, enjuiciarlos desde los tiempos y formas de los partidos políticos, repetir como autómata las consignas trilladas de apoyo, limitar la crítica o ser idolatra del anecdotario de la figura del vocero o basada en información superflua de los medios de información y redes sociales es, además de evidenciar el desconocimiento o indiferencia sobre la lógica histórica del camino andado por estos pueblos chiapanecos, distraerse deliberadamente para evadir la autocrítica sobre la práctica propia en congruencia con las convicciones políticas y de vida que cada quien dice tener.   

A propósito del vocero: ¿por qué él estaba acordando un partido de futbol con el Inter de Milán, por allá de mayo del 2005, mientras en las comunidades zapatistas se consultaba sobre la Sexta Declaración y lanzar la iniciativa de La Otra Campaña un mes después?, ¿Por qué no fue al Congreso de la Unión con el resto de la comandancia a exigir el cumplimiento de Los Acuerdos de San Andrés?, ¿por qué fue el primero en arriesgarse a salir a todo el territorio nacional como el delegado zero en la primera fase de La Otra campaña?, ¿por qué fue a televisa a exigir justicia para los compañeros de Atenco?, ¿de cuántos comandantes y comandantas está constituido el Comité Clandestino Revolucionario Indígena Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional?... las posibles respuestas serán pistas para esbozar el papel que juega el vocero dentro del zapatismo.

Que ahora, con el regreso del PRI al gobierno federal y al chiapaneco disfrazado de verde, los zapatistas reactiven su actividad política pública no significa nada más que hacer valer su propia palabra, memoria histórica, ética del guerrero y congruencia política. 


Publicado en febrero del 2013 en Carne de Dios Ediciones
 

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